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Se llevó a cabo el segundo debate para la elección presidencial del 2018. Hubo muchas novedades. Hubo muchas primeras veces: Fue la primera vez que participó el público, si bien algo restringido, fue un buen avance. Fue la primera vez que un acto federalista del Instituto Nacional Electoral (INE) se realizó en una sede distinta a la Ciudad de México.

Fue la primera vez que los moderadores del debate, asumieron un papel más activo, demasiado en algunos casos, como el de la moderadora, Yuriria Sierra, quien más que preguntar quería lucimiento personal y hasta autoritaria estuvo con el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), José Antonio Meade. El debate estuvo animado, picoso, ocurrente. Se dijeron tantas tonterías sobre la migración, incluso el moderador, León Krauze, al preguntar que si dejáramos de comprar maíz, ya no nos comprarían aguacate, mostró su enorme desconocimiento del comercio internacional y cómo funciona, no se aplica el principio de Derecho Romano “doy para que me des”, es la libre oferta y demanda. Nos compran aguacates porque son los mejores y les gustan. Les compramos maíz, porque no somos autosuficientes. El alimento que mas consumieron los americanos en el ultimo Super Bowl, fue aguacate o guacamole. ¿Quién ganó? Todos se asumen ganadores. Cada uno de ellos dicen que ganó.

Lo mejor del debate: la burla del candidato del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al contendiente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya: a quien le dijo que si le daba el abrazo pero temía por su cartera y cuando lo llamó “Ricky Riquín Canallín”. Lo peor del debate, cuando menos para los tijuanenses: que el candidato independiente, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” amenazó con irse a vivir a Tijuana ¿se imaginan? Pero el debate poco sirve para aumentar las preferencias, recuérdese a Gabriel Quadri, candidato presidencial del Partido Nueva Alianza (PANAL) para la elección del 2012; fue el mejor, el de las mejores propuestas y el más articulado, pero no subió nada en las encuestas. Quedó en ultimo lugar. Los debates son ejercicio de esgrima política. Es un mecanismo para probar la capacidad de respuesta de los contendientes, su aplomo y seguridad. Su capacidad de improvisación. Pero no es posible en dos minutos dar respuestas concretas, medibles y menos soluciones a tan graves problemas nacionales e internacionales. En los debates, los expertos recomiendan no siempre dar respuesta a la preguntas que se les hacen cuando son difíciles, sino decirle al público lo que tu quieres decirle, comunicarle. Muchos utilizan frases tronadoras que parecen ser contundentes, como Anaya, a quien no le importa mentir con tal de parecer ganador. Recomiendan siempre hablar con la verdad, pues tarde o temprano se descubre quien mintió.

Un ejemplo: Anaya aseveró que la inversión extranjera disminuyó en la Ciudad de México cuando AMLO fue jefe de Gobierno, el “Peje” refutó con un documento que revela que de acuerdo con la Secretaría de Economía, la inversión fue cuantiosa. Anaya reviró con otra mentira, asegurando que esa inversión se debió a la venta que hizo AMLO de Banamex. Este banco fue vendido por Vicente Fox, cuando fue presidente. El operador fue Francisco Gil Díaz, quien era el Secretario de Hacienda. ¿Por qué Andrés Manuel no lo aclaró? no sé ¿no tuvo tiempo? ¿no quiso? ¿no se acordaba? Es irrelevante, sabemos que Anaya mintió. Que siempre miente para ganar el debate. Otro ejemplo: dijo que bajaría el IVA a la mitad, que por cierto es una propuesta de AMLO de hace tiempo, pero al margen de lo copión, se le olvida que él aceptó , impulsó y aprobó, junto con el PRI, la gran “Reforma Hacendaria” del presidente Enrique Peña Nieto, de subir el IVA en la frontera del 10 al 16%, además muchas veces lo presumió públicamente. Otra mentira más: cuando le pregunto la señora de 72 años en el público, acerca de los abusos policíacos, con demagogia, evadió la respuesta. Claro la señora se refería a los policías municipales de Tijuana que extorsionan migrantes, en el “alambre” como ella le llamó a la frontera. El gobierno es panista en la ciudad de Tijuana y desde hace 30 años en el estado de Baja California. Anaya no quiso reconocer que policías de un gobierno de su partido son culpables de vejaciones, robos, extorsión, tortura y protección a los delincuentes, sobre todo a los narcomenudistas. Para mí, Anaya es el gran perdedor de este debate, excesivamente risueño, que hasta molesta. Arrogante y muy agresivo, se equivocó de estilo. Nadie quiere otro mentiroso y rijoso de presidente.

Meade lució diferente, más arriesgado, más agresivo, intentó incluso ser irónico y acusador, como cuando habló de la casa que tiene en Atlanta Ricardo Anaya, pero la mayoría de la gente no supo de qué hablaba, porque nunca remató la acusación. Lo mismo le pasó al mencionar el caso de Nestora Salgado, candidata al Senado por MORENA en Guerrero, a quien el acusó de secuestradora con un documento que nadie vio, ni comprobó su autenticidad. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) la consideró presa política, por lo que fue liberada después de más de dos años en prisión. Ya Nestora señaló que demandara al candidato priísta por difamación. Meade sabiendo que va en tercer lugar de las encuestas, le importaba mucho atacar a Anaya, para estar en posición de empatarle y de ahí tratar de ganar la elección. Siempre se mostró el que más sabe, con su conocimiento de la economía y de la diplomacia. Pero falló rotundamente en la pregunta de si fue un error haber invitado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump a México, después de todas las declaraciones antimexicanas que ha hecho y en general, por su política antinmigrante. Le cuesta romper el cordón umbilical con el presidente Peña. Si 7 de cada 10 mexicanos consideraron que fue un error la invitación ¿por qué no estar en consonancia con la mayoría? Se ve que sabe, pero no ha podido conectar con el pueblo. Tampoco es una gran polemista, es más bien un tecnócrata.

 

El “Peje” es, para mí, el verdadero ganador del debate, aunque también se notó que el debate no es su fuerte. Él fue a lo suyo, mostrar que está sano, que es un hombre de principios, de autoridad moral y que considera a la corrupción el enemigo a vencer. “El Bronco” quiso ser simpático y no gravitó en el debate. Propuestas escandalosas, sin sentido. Nadie de los tres le dedicó atención. Tampoco yo lo haré. Ya veremos que dicen más adelante las encuestas.

 

 

 

Publicado el día Martes 22 de Mayo de 2018.

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